sábado, 9 de enero de 2021

CRISTO REY

 


 

Jesucristo, Rey del Universo

Nos preparamos a la Fiesta de Cristo Rey.

Estamos terminando el año litúrgico y la Iglesia nos invita a celebrar, como síntesis de todo el año, la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. Al celebrar que Jesús es Rey, debemos entender que no es como los “reyes” de nuestro mundo. No es un rey poderoso, con un gran ejército ni que tiene mano dura. Su reinado viene de otra forma, con otros ingredientes. Su trono, fue una Cruz donde de ella, salva a toda la humanidad. Que este domingo descubramos que el Rey de Reyes viene para implantar verdad, justicia, amor, perdón y vida plena. A pesar de los tiempos difíciles que vivimos, Él tiene la última palabra. Una palabra, de esperanza, de reconciliación y de misericordia.

Mirando a María, Madre del Rey de Reyes, pedimos que nos ayude a reconocer a Jesús presente en nuestras vidas: para construir junto con Él su Reino de amor, de alegría y de paz.

CANTO

Dispongámonos en oración para contemplar a Jesús Rey mediante el Santo Rosario. Hoy meditaremos los Misterios Luminosos:

 

Por la señal de la santa cruz…

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor. Amén.

 

Jesús nos invita a hacer presente el Reino siendo solidarios con los demás. Viviendo la caridad. Creo en Dios Padre…

 

Jesús nos invita a ser con Él, constructores del Reino de Dios. Padre Nuestro…

 

Jesús, Es un Rey entregado a la Causa encomendada por el Padre. Dios te Salve María…

Jesús, es un Rey pobre y rico al mismo tiempo. Dios te Salve María…

Jesús, es un Rey consciente de su Realeza Dios te Salve María…

 

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda brevemente el sentido de esta fiesta:

El Pueblo de Dios participa, por último, en la función regia de Cristo. Cristo ejerce su realeza atrayendo a a todos los hombres por su muerte y su resurrección. Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo «venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20,28). Para el cristiano, «servir es reinar», particularmente «en los pobres y en los que sufren» donde descubre «la imagen de su Fundador pobre y sufriente». El pueblo de Dios realiza su «dignidad regia» viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo.


PRIMER MISTERIO LUMINOSO: EL BAUTISMO EN EL JORDÁN

Jesucristo, Rey… un Reino diferente.

Jesús es un rey que nos ofrece también un reino diferente, que no es de este mundo aun cuando nos anime a construirlo día a día, minuto a minuto en un aquí y ahora. No es un reino como los que conocemos, sino un reino basado en la fe y en el amor, porque lo que nos enseña es a amar a Dios y a los hermanos, sin exclusiones, sin distinciones: Dios está en nuestro prójimo y en ese espacio de amor a los demás es donde siempre le encontraremos.

CANTO

 

SEGUNDO MISTERIO LUMINOSO: LAS BODAS DE CANÁ

Jesucristo, Rey… un Rey humilde.

Jesús no nace en un palacio, sino en un humilde pesebre. Vive con humildad y del trabajo de sus manos hasta que llega su momento. Jamás se rodea de ricos, riquezas poder o esplendor. Nos acerca a los más pobres, a los más despreciados, nace en un pequeño país donde decide hacerse humano para que podamos contemplar toda su auténtica grandeza: Él, rey universal que a todos acoge, ama y enseña.

CANTO

 

TERCER MISTERIO LUMINOSO: EL ANUNCIO DEL REINO DE DIOS

Jesucristo, Rey… en la cruz

Estamos muy acostumbrados a ver un crucifijo, tanto que nos parece norma ver a Jesucristo en la cruz. Sin embargo, para los judíos morir crucificado era el signo de la mayor maldición. ¿Por qué la Iglesia nos presenta el día de Cristo Rey la imagen de este Cristo en la cruz? ¿No es una contradicción? Pero es precisamente en esa situación extrema en la que el buen ladrón reconoce su realeza: «Acuérdate de cuando llegues a tu reino». Jesucristo reina en la cruz, y desde ahí, desde ese misterioso y supremo gesto de amor, atrae a todo hombre, como atrajo entonces al buen ladrón porque Cristo es servidor de todos. Sólo en Cristo crucificado, en ese rey en la cruz, encuentra respuesta la pregunta más profunda del hombre: ¿Por qué existe el sufrimiento? ¿Por qué en nuestra vida hay dolor?

CANTO

 

CUARTO MISTERIO LUMINOSO: LA TRANSFIGURACIÓN

Jesucristo, Rey… en la Resurrección

La grandeza de este Rey crucificado está precisamente en su resurrección. No somos siervos de un Rey que predicó una bonita doctrina, pero fracasó en su vida, murió humillado y sigue muerto. Somos siervos de un Rey vivo, que venció la muerte, una muerte fruto del pecado, con su gloriosa resurrección. Pensar en la cruz olvidando la resurrección es como vivir sin esperanza. La respuesta que da el Señor al buen ladrón nos recuerda esta gran noticia: «Hoy estarás conmigo en el paraíso», y lo estarás primero porque yo sigo vivo (Yo soy la resurrección y la vida), y segundo porque vivirás conmigo. (El que cree en no morirá para siempre). Por eso el Catecismo nos recuerda que «Cristo ejerce su realeza atrayendo a a todos los hombres por su muerte y su resurrección»; ambas están íntimamente unidas, aunque con frecuencia nos centramos en la cruz, en el sufrimiento, olvidando la resurrección.

CANTO


QUINTO MISTERIO LUMINOSO: LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA

Jesucristo, Rey… y servidor

La realeza de Jesucristo tiene una característica que contrasta radicalmente con la idea de rey que solemos tener: Él no ha venido a ser servido sino a ser servidor de todos. Cuando pensamos en los reyes de la tierra, viene rápido a nuestra mente una gran cantidad de cortesanos, criados, servidores, que viven totalmente volcados en servir a su Señor. Jesucristo es diferente. Por su naturaleza divina, es la persona humana más digna de alabanza. Durante su vida terrena era justo que todos los hombres y ángeles le sirviesen; ¡era el mismo Dios! Sin embargo, vino a servir al hombre. Primero a sus padres, en una casa humilde y desconocida de Nazaret; después a sus discípulos, enseñándoles con tanta paciencia los misterios del Reino, a los enfermos y necesitados de Israel que acudían a pedirle un favor, incluso a los escribas que, bien o mal intencionados, le hacían preguntas sobre la Ley. Sirvió incluso al buen ladrón, que le pidió misericordia en los últimos momentos de su vida. Toda su existencia fue un constante acto de servicio. ¿Y yo? ¿Sirvo a mis semejantes, a mi familia, a mis compañeros de trabajo, de universidad, a mis amigos? Si Él, siendo Dios, no quiso ser servido sino servir, ¡cuánto más debería hacer yo!

Dios de Salve Reina y Madre… CANTO

Aquí viene el Aleluya

REFLEXIÓN BÍBLICA.

Del santo Evangelio según san Juan 18, 33-37

En aquel tiempo preguntó Pilato a Jesús: «¿Eres el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?» Pilato le respondió: «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?» Jesús le contestó: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis seguidores habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero no, mi Reino no es de aquí». Pilato le dijo: Conque ¿tú eres rey? Jesús le contestó: “Tu lo dices: soy Rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz»

Palabra del Señor.

Meditación por parte del que Preside, el siguiente párrafo es opcional.  

Jesús quiere convertirse en nuestro Rey, pero no en un Rey de este mundo, sino un Rey “que de un sentido nuevo a nuestra vida”. Un Rey que, con su palabra, con su ejemplo y con su vida inmolada en la Cruz, nos ha salvado de la muerte, ha indicado el camino al hombre perdido, ha dado luz nueva a nuestra existencia marcada por la duda, por el miedo y por la prueba de cada día. No debemos olvidar que el reino de Jesús no es de este mundo. Él dará un sentido nuevo a nuestra vida, en ocasiones sometida a dura prueba también por nuestros errores y nuestros pecados. Nuestro Padre Celestial quiere establecer en el mundo su reino de amor, de justicia y de paz. Este es el Reino del que Jesús es Rey, y que se extiende hasta el final de los tiempos. Pero el Reino de Dios se fundamenta sobre el amor y se radica en los corazones, ofreciendo a quien lo acoge paz, libertad y plenitud de vida. Todos nosotros queremos, paz, queremos, libertad, queremos plenitud. ¿Cómo se consigue? Basta con que dejes que el amor de Dios se radique en el corazón y tendrán paz, libertad y plenitud.

Jesús es el Rey “que da un sentido nuevo a la vida”.



ORACIÓN A CRISTO REY

¡Oh Jesús! Te reconozco por Rey Universal Todo cuanto ha sido hecho lo has creado Ejerce sobre mí todos tus derechos Renuevo las promesas de mi bautismo,

renunciado a Satanás, a sus seducciones y a sus obras; y prometo vivir como buen cristiano

Muy especialmente me comprometo a procurar, según mis medios, el triunfo de los derechos de Dios y de tu Iglesia

Divino Corazón de Jesús, te ofrezco mis pobres obras

para conseguir que todos los corazones reconozcan tu sagrada realeza y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de tu Paz.

 

Vamos a expresar nuestro agradecimiento sincero a nuestro Rey Jesucristo, respondiendo a cada invocación: ¡Gracias, Cristo Rey!

·         Porque diste tu vida para salvarnos.

·         Porque moriste por todos nosotros.

·         Porque resucitaste para redimirnos.

·         Porque nos regalaste la Vida Eterna.

·         Porque nos libraste de la oscuridad.

·         Porque eres Camino que nos lleva al Padre.

·         Porque te hiciste hombre como nosotros.

·         Porque perdonaste todas nuestras culpas.

·         Porque nos abriste las puertas del Cielo.

·         Porque nos trajiste el amor del Padre.

·         Porque te quedaste en la Eucaristía.

·         Porque nos dejaste al Espíritu Santo.

·         Por reconciliar al Cielo con la tierra.

·         Porque nos dejaste a tu Santa Madre.

·         Porque nos amaste sin pedirnos nada.

·         Porque te entregaste por nuestros pecados.

 

ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, que me admites, como una honra, a trabajar por ti en la extensión y consolidación de tu reinado, amándote a ti en tu divina Persona, amándote a ti en mis hermanos y trabajando por ti en ellos. Dame generosidad. Dame ardor. Dame ilusión. Por un Rey como Tú, ¡vale la pena vivir y morir!

Madre María, que compartes con Jesucristo tu Hijo su reinado universal y eterno. Alcánzame la gracia que necesito para distinguirme, con verdadera gloria, como soldado fiel, en el servicio de Jesucristo, mi Rey y Señor, trabajando con ardor por El y por mis hermanos.

·         Bendito, alabado y adorado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar.

·         Sea para siempre bendito y alabado

 

CANTO FINAL

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