Jesucristo, Rey del Universo
Nos preparamos a la
Fiesta de Cristo Rey.
Estamos terminando el año litúrgico y la Iglesia
nos invita a celebrar, como
síntesis de todo el año, la
fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. Al celebrar que Jesús es Rey, debemos
entender que no es como
los “reyes” de nuestro mundo.
No es un rey poderoso, con un gran
ejército ni que tiene
mano dura. Su reinado viene
de otra forma,
con otros ingredientes. Su trono, fue una Cruz
donde de ella, salva a toda la humanidad. Que este domingo
descubramos que el Rey de Reyes viene para
implantar verdad, justicia, amor,
perdón y vida
plena. A pesar
de los tiempos difíciles que
vivimos, Él tiene la última palabra.
Una palabra, de esperanza, de reconciliación y de misericordia.
Mirando a María, Madre
del Rey de Reyes, pedimos
que nos ayude
a reconocer a Jesús presente en nuestras
vidas: para construir junto con Él su Reino
de amor, de alegría y de paz.
CANTO
Dispongámonos en oración
para contemplar a Jesús Rey mediante el Santo Rosario.
Hoy meditaremos los Misterios Luminosos:
Por
la señal de la santa cruz…
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes
hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa,
por mi culpa,
por mi gran culpa. Por eso ruego a
Santa María siempre
Virgen, a los ángeles, a los santos
y a ustedes hermanos, que intercedan
por mí ante Dios, Nuestro Señor.
Amén.
Jesús nos invita
a hacer presente el Reino siendo
solidarios con los demás. Viviendo
la caridad. Creo en Dios Padre…
Jesús nos invita
a ser con Él, constructores del Reino de Dios.
Padre Nuestro…
Jesús, Es un Rey entregado a la Causa
encomendada por el Padre.
Dios te Salve
María…
Jesús, es un Rey pobre
y rico al mismo tiempo. Dios te Salve María…
Jesús, es un Rey consciente de su Realeza Dios te Salve María…
El Catecismo de
la Iglesia Católica nos recuerda brevemente el sentido de esta fiesta:
El Pueblo de Dios
participa, por último,
en la función regia de Cristo. Cristo
ejerce su realeza atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte
y su resurrección. Cristo, Rey y Señor del universo,
se hizo el servidor de todos, no habiendo «venido
a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate
por muchos» (Mt 20,28). Para
el cristiano, «servir
es reinar», particularmente «en los pobres
y en los que sufren»
donde descubre «la
imagen de su Fundador pobre
y sufriente». El pueblo de Dios
realiza su «dignidad regia» viviendo conforme a esta vocación
de servir con Cristo.
PRIMER MISTERIO LUMINOSO: EL
BAUTISMO EN EL JORDÁN
Jesucristo,
Rey… un Reino diferente.
Jesús es un rey que nos ofrece también
un reino diferente, que no es de este
mundo aun cuando nos anime
a construirlo día
a día, minuto a minuto
en un aquí y ahora.
No es un reino como los
que conocemos, sino
un reino basado
en la fe y en el amor,
porque lo que nos enseña
es a amar a Dios y a los hermanos, sin exclusiones, sin
distinciones: Dios está en nuestro
prójimo y en ese
espacio de amor a los demás es donde siempre
le encontraremos.
CANTO
SEGUNDO
MISTERIO LUMINOSO: LAS BODAS DE CANÁ
Jesucristo, Rey… un Rey humilde.
Jesús no nace en un palacio,
sino en un humilde pesebre.
Vive con humildad
y del trabajo de sus manos hasta que llega
su momento. Jamás
se rodea de ricos, riquezas
poder o esplendor. Nos acerca a los
más pobres, a los más despreciados, nace
en un pequeño país donde
decide hacerse humano para
que podamos contemplar toda su auténtica grandeza: Él, rey universal que a todos acoge, ama y enseña.
CANTO
TERCER
MISTERIO LUMINOSO: EL ANUNCIO DEL REINO DE DIOS
Jesucristo,
Rey… en la cruz
Estamos muy acostumbrados a ver un crucifijo, tanto
que nos parece
norma ver a Jesucristo en la
cruz. Sin embargo, para los
judíos morir crucificado era el signo
de la mayor maldición. ¿Por
qué la Iglesia nos presenta el día de Cristo Rey la imagen
de este Cristo
en la cruz? ¿No es una
contradicción? Pero es precisamente en esa situación extrema en la que el buen ladrón
reconoce su realeza: «Acuérdate de mí cuando
llegues a tu reino». Jesucristo reina en la cruz, y desde ahí, desde ese misterioso y supremo gesto de amor,
atrae a todo hombre, como atrajo entonces
al buen ladrón porque
Cristo es servidor
de todos. Sólo
en Cristo crucificado, en ese rey
en la cruz, encuentra respuesta la pregunta más profunda del hombre: ¿Por
qué existe el sufrimiento? ¿Por qué en nuestra vida hay dolor?
CANTO
CUARTO
MISTERIO LUMINOSO: LA TRANSFIGURACIÓN
Jesucristo,
Rey… en la Resurrección
La grandeza de este
Rey crucificado está
precisamente en su resurrección. No somos siervos
de un Rey que predicó una bonita doctrina, pero fracasó en su vida,
murió humillado y sigue muerto. Somos siervos de un Rey vivo,
que venció la muerte, una
muerte fruto del pecado, con su gloriosa resurrección. Pensar en la cruz olvidando la resurrección es como vivir sin esperanza. La respuesta que da el Señor al buen ladrón
nos recuerda esta gran noticia: «Hoy estarás conmigo
en el paraíso», y lo estarás primero
porque yo sigo vivo (Yo soy la resurrección y la vida),
y segundo porque tú vivirás conmigo. (El que cree
en mí no morirá para
siempre). Por eso el Catecismo nos recuerda que «Cristo
ejerce su realeza
atrayendo a sí a todos
los hombres por
su muerte y su
resurrección»; ambas están íntimamente unidas, aunque con frecuencia nos centramos en la cruz, en el sufrimiento, olvidando la resurrección.
CANTO
QUINTO
MISTERIO LUMINOSO: LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA
Jesucristo,
Rey… y servidor
La realeza de Jesucristo tiene una característica que contrasta radicalmente con la idea
de rey que solemos tener: Él no ha venido
a ser servido sino a ser servidor
de todos. Cuando
pensamos en los reyes de la tierra,
viene rápido a nuestra mente
una gran cantidad
de cortesanos, criados, servidores, que viven totalmente volcados en servir a su Señor. Jesucristo es diferente. Por su
naturaleza divina, es la persona
humana más digna
de alabanza. Durante
su vida terrena
era justo que todos los hombres
y ángeles le sirviesen; ¡era el mismo Dios! Sin embargo, vino a servir
al hombre. Primero a sus padres,
en una casa humilde y desconocida de Nazaret; después
a sus discípulos, enseñándoles con tanta paciencia
los misterios del Reino, a los enfermos
y necesitados de Israel que acudían a pedirle un favor, incluso
a los escribas que, bien o mal
intencionados, le hacían preguntas sobre la Ley. Sirvió incluso
al buen ladrón,
que le pidió misericordia en los últimos momentos de su vida.
Toda su existencia fue un constante acto de servicio. ¿Y yo? ¿Sirvo
a mis semejantes, a mi familia, a mis compañeros de trabajo, de universidad, a mis amigos?
Si Él, siendo Dios, no quiso
ser servido sino
servir, ¡cuánto más debería hacer
yo!
Dios de Salve Reina
y Madre… CANTO
Aquí viene
el Aleluya
REFLEXIÓN
BÍBLICA.
Del santo
Evangelio según san Juan 18, 33-37
En aquel
tiempo preguntó Pilato
a Jesús: «¿Eres
tú el rey de los
judíos?» Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho
otros de mí?»
Pilato le respondió: «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos
sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué
has hecho?» Jesús
le contestó: «Mi Reino no es de este mundo.
Si mi Reino fuera de este mundo,
mis seguidores habrían
luchado para que no cayera en manos de los judíos.
Pero no, mi Reino no es de aquí». Pilato
le dijo: Conque
¿tú eres rey? Jesús
le contestó: “Tu lo dices:
soy Rey. Yo nací y vine al mundo para
ser testigo de la
verdad. Todo el que es de la verdad, escucha
mi voz»
Palabra del Señor.
Meditación
por parte del que Preside, el siguiente párrafo es opcional.
Jesús quiere convertirse en nuestro Rey,
pero no en un Rey de este
mundo, sino un Rey “que
de un sentido nuevo
a nuestra vida”.
Un Rey que,
con su palabra, con su ejemplo y con su vida
inmolada en la Cruz, nos ha salvado
de la muerte, ha indicado
el camino al hombre perdido,
ha dado luz nueva
a nuestra existencia marcada por la duda, por el miedo
y por la prueba de cada
día. No debemos
olvidar que el reino de Jesús no es de este mundo.
Él dará un sentido nuevo
a nuestra vida, en ocasiones sometida a dura prueba
también por nuestros errores y nuestros pecados. Nuestro Padre
Celestial quiere establecer en el mundo
su reino de amor, de justicia y de
paz. Este es el Reino
del que Jesús
es Rey, y que se extiende hasta
el final de los tiempos.
Pero el Reino de Dios se fundamenta sobre el amor y se radica en los corazones, ofreciendo a quien lo
acoge paz, libertad
y plenitud de vida. Todos
nosotros queremos, paz,
queremos, libertad, queremos plenitud. ¿Cómo
se consigue? Basta
con que dejes
que el amor de Dios
se radique en el corazón y tendrán
paz, libertad y plenitud.
Jesús
es el Rey “que da un sentido
nuevo a la vida”.
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ORACIÓN A CRISTO REY
¡Oh Jesús! Te reconozco por Rey Universal Todo cuanto ha sido
hecho Tú lo has creado Ejerce sobre
mí todos tus derechos Renuevo las promesas
de mi bautismo,
renunciado a Satanás,
a sus seducciones y a sus obras; y prometo
vivir como buen cristiano
Muy especialmente me comprometo a procurar, según
mis medios, el triunfo de los derechos de Dios y de tu Iglesia
Divino Corazón de Jesús, te ofrezco mis
pobres obras
para conseguir que todos los corazones reconozcan tu sagrada realeza y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de tu Paz.
Vamos a expresar nuestro agradecimiento sincero a
nuestro Rey Jesucristo, respondiendo a cada invocación: ¡Gracias,
Cristo Rey!
·
Porque diste tu vida para salvarnos.
·
Porque moriste por todos
nosotros.
·
Porque resucitaste para redimirnos.
·
Porque nos regalaste la Vida Eterna.
·
Porque nos libraste de la oscuridad.
·
Porque eres Camino
que nos lleva
al Padre.
·
Porque te hiciste
hombre como nosotros.
·
Porque perdonaste todas nuestras culpas.
·
Porque nos abriste
las puertas del Cielo.
·
Porque nos trajiste
el amor del Padre.
·
Porque te quedaste
en la Eucaristía.
·
Porque nos dejaste
al Espíritu Santo.
·
Por reconciliar al Cielo con la tierra.
·
Porque nos dejaste
a tu Santa Madre.
·
Porque nos amaste
sin pedirnos nada.
·
Porque te entregaste por nuestros pecados.
ORACIÓN
FINAL
Señor Jesús, que me admites, como una honra,
a trabajar por ti en la extensión y consolidación de tu
reinado, amándote a ti en tu divina
Persona, amándote a ti en mis hermanos y trabajando por ti
en ellos. Dame
generosidad. Dame ardor.
Dame ilusión. Por un Rey
como Tú, ¡vale
la pena vivir y morir!
Madre María, que compartes con Jesucristo tu Hijo su reinado universal y eterno. Alcánzame la gracia que necesito para distinguirme, con
verdadera gloria, como
soldado fiel, en el servicio
de Jesucristo,
mi Rey y Señor, trabajando con ardor por El y por mis hermanos.
·
Bendito, alabado y adorado
sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar.
·
Sea para siempre bendito y alabado
CANTO FINAL
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